Tendiendo un puente entre dos mundos.

El problema.

Rube Goldberg Self-Operating Napkin — una máquina absurdamente compleja para una tarea simple
Self-Operating Napkin, Rube Goldberg. i

El sistema financiero actual me recuerda a una máquina de Rube Goldberg; no todo está del todo diseñado deliberadamente para hacer una tarea en principio simple de una forma compleja y enrevesada. Es el resultado de décadas de parches y chapuzas que hacen que algo tan sencillo como actualizar dos hojas de cálculo sea un laberinto de burocracia, plataformas, redes, regulaciones… El resultado es una maraña de entidades y cuellos de botella que no ofrecen demasiado valor añadido y que extraen riqueza cada vez que intervienen.

Esta realidad que millones de personas tienen que navegar es especialmente injusta para los emigrantes que envían remesas de dinero a sus países de origen. No es que sea un problema desconocido, de hecho sólo en los últimos 10 años numerosas organizaciones supranacionales, como la ONU, el G8 o el G20 se han comprometido en establecer los mecanismos para que el coste de enviar dinero se reduzca pero hay muy pocos incentivos para que esto cambie más bien todo lo contrario; hay mucho interés, sobre todo económico en que todo quede como está. Como mucho se harán ejercicios políticos de gatopardismo. "Que todo cambie para que todo siga igual."

Algunas cifras para ponernos en contexto. 685 mil millones de dólares en remesas se envían cada año, y el coste promedio según datos del Banco Mundial de un 6,49%. Más de 44,5 mil millones no llegan a su destino. A pesar de los avances tecnológicos de las últimas décadas no se ha avanzado casi nada. Es más, en algunos corredores la situación ha empeorado. Las medidas contra el blanqueo de capitales y tipos de cambio muy por debajo del precio de mercado impuestos por gobiernos en crisis han encarecido las remesas aún más, fomentando y obligando a los receptores a acudir al mercado informal.

Un mundo alternativo.

No creo que fuese casualidad que Satoshi Nakamoto presentase Bitcoin en plena crisis del 2008 — un momento representativo de los peligros de un sistema en que demasiadas herramientas dependen de la confianza en instituciones. El estallido de la burbuja de las hipotecas subprime desencadenó una crisis que afectó al mundo entero, millones de personas inocentes sufrieron las consecuencias por culpa del exceso de confianza en esos engranajes.ii Bancos e instituciones financieras "descubrieron" de un día para otro que estaban quebradas, pero su íntima relación con el poder propició una transferencia de riqueza sin precedentes de los contribuyentes hacia los propios responsables del desastre. Nadie sabe con certeza cuál fue el coste real para la gente de a pie de este agujero en el sistema financiero. Las estimaciones más pesimistas hablan de decenas de billones de dólares. Eso son 14 cifras, o un 1 seguido de 13 ceros.

Es en ese contexto de esa catástrofe que Satoshi Nakamoto introduce una alternativa a un sistema claramente disfuncional, extractivo y hostil. Bitcoin ofrece la posibilidad de que dos partes que no se conocen y que no confían la una en la otra puedan intercambiar dinero de forma segura, inmediata y por un coste despreciable sin pedir permiso a nadie, sin ningún banco, gobierno o regulación imponiendo sus condiciones. Sin el permiso de nadie. P2P — simplemente dinero entre pares.

A hombros de gigantes.

Sería de ingenuos esperar que el propio sistema heredado invierta en la construcción de las herramientas que faciliten su desaparición. El mundo que representa Bitcoin no sólo es muy diferente, la filosofía de ambos sistemas es demasiado opuesta, casi antagónica como para interactuar sin una fricción extrema casi violenta. Todo eso aunado al riesgo muy real de que Bitcoin termine siendo otro eslabón más de esa cadena que lastra el desarrollo de las personas.

Ya han pasado 18 años de la publicación del libro blanco de Bitcoin — la tecnología ha cumplido la mayoría de edad, miles de personas han contribuido a cientos de proyectos diferentes unos con más éxito que otros, decenas de escisiones y reinterpretaciones se han presentado. Pero a fin de cuentas han de ser esos pares de los que hablábamos antes, los que participan del p2p descrito por Satoshi, los que rompan la baraja y fuercen ese periodo de transición hasta que el intercambio de riqueza entre personas físicas, personas jurídicas (incluso agentes de IA) se realice mayoritariamente dentro de redes sin intermediarios como Bitcoin Cash.

El sistema financiero tradicional no desaparecerá. Lleva siglos adaptándose y sobreviviendo a sus propias crisis, que no han sido pocas. Lo que sí va a cambiar es el terreno bajo sus pies. Lo interesante no es lo que le pase a los bancos. Lo interesante es la grieta que se abre entre dos mundos que hasta ahora no tenían forma de hablarse: el de la contabilidad pública y verificable de Bitcoin, y el del dinero atrapado en el sistema heredado. Esa grieta necesita un intérprete. Un protocolo que hable los dos idiomas.

Los cimientos.

En paralelo durante todo este tiempo hemos asistido a una revolución: la penetración de los teléfonos móviles primero y de los teléfonos inteligentes después. Su despliegue mundial ha sido espectacular. A día de hoy un porcentaje altísimo de la población lleva en su bolsillo un ordenador conectado permanentemente a internet con una capacidad de computación difícil de comprender. Esa compleja red mantenida por gente de a pie es la principal baza para acelerar un cambio. La infraestructura y los rudimentos ya están en su mayor parte desplegados — sólo necesitan un empujón en la dirección adecuada.

No solamente millones de personas tienen un móvil con conexión a internet — también tienen una aplicación con la que hacer transferencias de dinero gratis. Si nos aprovechamos de esa aplicación y hacemos que se convierta en la tercera pata del trípode formado por la ubicuidad de los teléfonos móviles asociados a una cuenta bancaria tradicional, Bitcoin Cash puede convertirse en el pasadizo por el que la riqueza atrapada en el antiguo sistema se deslice hacia el nuevo. Todo lo que necesitamos ya existe. Sólo falta el protocolo que lo conecte.

El proceso.

Los pagos móviles funcionan como islas en las que mover pequeñas cantidades de dinero entre personas es bastante fácil y en la mayoría de ocasiones gratuito. La red de Bitcoin Cash tiene capacidad para realizar miles de transacciones con un coste prácticamente despreciable. Si conectamos los pagos móviles con la red de Bitcoin Cash, realizar transferencias entre personas en cualquier parte del mundo con un coste despreciable es posible.

A día de hoy cualquiera podría hacer esto de forma manual, no es que estemos introduciendo una gran innovación. Solo es cuestión de poner en contacto ambos sistemas. Esto funcionaría así:

  1. En una casa de cambio de criptomonedas que dé servicio en el mercado de la persona que envía el dinero se deposita la cantidad que quieres enviar.
  2. Intercambias la moneda local por Bitcoin Cash (BCH).
  3. Transfieres ese BCH a una casa de cambio que dé servicio en el mercado de quien recibe el dinero.
  4. Intercambias ese BCH por la moneda local.
  5. Depositas la moneda local en una cuenta bancaria local.
  6. Transfieres ese dinero a la cuenta bancaria del destinatario.

En cada uno de esos pasos hay un coste y un riesgo. Al depositar dinero en una casa de cambio la entidad cobra una comisión. Entre el primer y el segundo intercambio de BCH también suele haber comisiones. Pero lo peor es el tiempo que se tarda en completar todo el proceso — el tipo de cambio ha podido cambiar lo suficiente como para que el coste no tenga sentido.

En resumen, la volatilidad de los precios, el coste y el engorro en cada paso encarece y entorpece lo suficiente como para que no ofrezca ninguna ventaja real para una persona de a pie. Es más, lo convierte en otra máquina de Rube Goldberg pero versión cryptobro. ¿Y si ese proceso ocurriese en segundos y de forma automática?

La reacción en cadena.

Eso lo cambiaría todo. El problema de la volatilidad se ha reducido tanto que es más costoso medirlo que tenerlo en cuenta. ¿Y cómo lo conseguimos? En teoría es sencillo — sólo basta con que no se produzca ningún movimiento innecesario hasta que todo esté listo para que comience una reacción en cadena muy similar a lo descrito antes, pero automática.

Retornemos "el proceso" anterior. Imaginemos que una persona en Barcelona quiere mandar dinero a Buenos Aires: en España la aplicación de pagos móviles se llama Bizum, en Argentina la plataforma más utilizada se llama Mercado Pago. Para conectar ambas partes necesitamos a alguien que reciba este Bizum, y a cambio envíe BCH a alguien en Argentina que a cambio envíe pesos con Mercado Pago al destino. Y ya está.

Para que funcione, el protocolo lo coordina de forma automática, transparente y segura. Cada actor cumple una serie de condiciones libremente. El destinatario recibe más dinero, los intermediarios una compensación por aportar liquidez, la persona que hace el envío la garantía de reembolso. Y se deja de perder dinero por el camino.

"Ya sé que no parece demasiado, pero es la base que conecta ambas partes."

El caballo de troya.

Imaginad ahora que una pequeña fracción de esos 44,5 mil millones de dólares que no llegan a su destino se pudiesen movilizar para fomentar la adopción de Bitcoin Cash. Ese es el objetivo real de Asgaya. Que haya abundancia de recursos e incentivos que propicien el cambio y eliminen la dependencia en los intermediarios. Que cada envío de dinero cree un nuevo usuario, un nuevo punto en el mapa de comercios en los que poder usar tu Bitcoin Cash — hasta completar un círculo virtuoso que realmente sea una alternativa. Un pequeño caballo de troya en ese tentáculo agarrado al dinero de gente que a pocos les importa.

La idea no es crear una muleta que nos haga la vida un poco más fácil — el objetivo es hacer accesible y práctico usar Bitcoin Cash en el día a día. No sustituir a un parásito por otro. Todas las personas que intervienen han de recibir una compensación justa sin crear una economía a costa del esfuerzo de otros como ocurre ahora mismo. Y una vez conseguido ese objetivo, Asgaya, como protocolo, pasará a un segundo plano.

Pero el principal incentivo ha de ser para que las personas que envían las remesas se olviden de la alternativa, sin crear dependencias que entorpezcan a los usuarios el abandono de Asgaya. Ahí es donde necesitamos la ayuda de otros proyectos, billeteras, puntos de venta, casas de cambio descentralizadas, la voz de quienes llevan años promoviendo la alternativa y en definitiva cualquier persona que tenga BCH aparcado en su billetera esperando su momento para brillar. En resumen: sembrar las semillas del cambio sin el permiso o el beneplácito de nadie, con herramientas que todo el mundo se puede permitir o ya lleva consigo en su bolsillo a diario.

Conclusión.

Este proyecto es el resultado de mi frustración por la falta de progreso en la adopción de Bitcoin Cash. Ese sentimiento se tradujo en un escrutinio minucioso de las causas que la bloquean, y el deseo de hacer algo que marque la diferencia — dejar de ser pasivo y facilitar una herramienta que dé recursos a las personas que hacen el trabajo poco glamuroso de convencer a usuarios y comercios para que peguen la pegatina de pague con Bitcoin Cash aquí.

El primer paso ha sido que una Raspberry Pi (Pi-chan), con un accesorio para conectar una tarjeta SIM, haga una transacción de manera autónoma cada vez que recibe un Bizum. Este es el primer escalón. Asgaya queda por venir.

Si has llegado hasta aquí, te recomiendo que sigas el día a día del proyecto en @susonotabi para mantenerte informado.

Seguir el proyecto
Fuentes

i Rube Goldberg, Self-Operating Napkin. Wikimedia Commons. Creative Commons.

ii Banco de España — Informe sobre la crisis financiera y bancaria en España 2008–2014. Junio 2017.

World Bank RPW Issue 53, Q1 2025 — datos de coste de remesas.

World Bank — Remittance flows to low- and middle-income countries in 2024.

UN SDG 10.c — objetivo de reducción del coste de remesas al 3% para 2030.